Transformar objetos cotidianos latinoamericanos en piezas surrealistas que despierten nostalgia y pertenencia cultural.
"Si dentro de 10 años alguien ve un cuadro mío desde el otro lado de una galería y dice: eso parece una Michelle Aleman… entonces lo logré."
El corazón de todo lo que hago.
La sonrisa escondida en cada pieza.
El recuerdo que conecta al espectador.
Poderosa, elegante, con actitud.
Saturados, libres de combinar entre sí. Nunca gris, beige neutro ni desaturados.
Nunca un objeto, siempre alguien. Cada marca tiene identidad, personalidad e historia.
Una sonrisa escondida en cada obra. Primero "qué raro", después "qué genial".
Si la pieza no le recuerda algo a alguien, no pertenece a la colección.
Piernas, tacones, movimiento, elegancia. No sexual, sí poderosa.
Verde tropical, fucsia, naranja, rojo, azul, amarillo, crema. Nunca gris ni neutros.
Pinceladas visibles, contornos suaves, luces exageradas. Pintura que se quiere tocar.
Baldosas coloniales, lunares, animal print. El fondo es el escenario del personaje.
Colombia, Caribe, México, Perú. Si encaja en París sin cambios, no es suficiente.
No botella + piernas. Un momento, una escena, una vida que el espectador completa.
¿La reconocerías como mía sin firma? Si la respuesta es no, aún no está terminada.
Si la respuesta es no a cualquiera… la obra aún no está terminada.